ddg.jpgOBRAS (DE MISERICORDIA) SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES; Un día, un buen amigo, no sé si movido por la curiosidad o por un verdadero deseo interior, me preguntó: “¿cuándo sentiste la llamada a ser cura? ¿Qué cambió en ti? ¿Fue algo progresivo o de repente?”, “la verdad… es que no sé cuándo me llamó, debía de estar durmiendo como Samuel o José” le respondí. “Pero sí sé lo que me dijo: ¡Para siempre!

Ante esto mi amigo se quedó un poco trastocado y me dijo: “¿Y ya está?”. “Sí” le dije, “pero no creas que es nada fácil, hay “para siempre” que duran mientras se pronuncian las dos palabras, los hay que duran lo que un verano y los hay para toda la vida, bueno para más de toda la vida, los hay para siempre”. “¿Y eso en que se traduce en la vida, en ser bueno?” Rápidamente respondí: “No, no basta solo ser, hay que hacer. No basta dar razones, hay que vivir esas razones. No basta dar razones para ayudar a los pobres, hay que ayudarlos, no basta decir que hay enseñar aquel que no sabe, hay que hacerlo”.

Aquel amigo me miró sonriente y me dice: “o sea que consiste en ser como Jesús: decir y hacer, poner tus huellas en sus huellas para que no se borren si no que cada vez dejen más marcada la tierra”. “Eso es” respondí. “Tienes razón, no es nada fácil ese ‘para siempre’ pero si es apasionante.

Juanjo.

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