IMG_2014-10-3_058-psh-retoc.jpgCuando tenía 15 años, en el verano de 2011, sentí en mi vida la experiencia de soledad profunda y tuve la necesidad de dar una respuesta que fuera más allá “del aquí y ahora”.

Volviendo de Zamora, al llegar a Benavente y al pasar delante de una iglesia, sentí la necesidad de entrar en ella, no sé muy bien por qué y me costaría explicar la razón, pero entré, recé y estuve hablando con el sacerdote. A partir de ese momento, el sacerdote me fue ayudando y acompañando en mi vida. Tras este momento sentí alegría y una tranquilidad que no había encontrado hasta ese momento, y aún hoy puedo decir que todavía no me he encontrado con nada similar…

Tengo el convencimiento de que fue una experiencia de Dios… Dios utiliza todo lo que somos, lo bueno y lo malo para ayudarnos y guiar nuestra vida.

El camino no se me ha hecho fácil, pero uno tiene claro lo que Dios quiere en su vida y lo que uno personalmente quiere también, Dios no obliga a nada, solo propone, aunque bien es cierto que cuando uno se encuentra con Dios no puede más que decirle: “Vale, soy tuyo, haz de mi lo que quieras…”

Quique.

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