CRÓNICA DE LA ORDENACIÓN

WhatsApp Image 2018-09-28 at 18.53.14El pasado 23 de septiembre, dos de nuestros seminaristas fueron ordenados diáconos en la Iglesia parroquial de Santa María de Renueva, en el municipio de Benavente. Hoy quince días después de la ordenación, uno de ellos, Juanjo, nos narra como vivió ese momento decisivo en su historia vocacional, y camino al sacerdocio.


Proclama mi alma la grandeza del Señor” (Lc 1,46), estas palabras que entona la Virgen María desbordada por un inmenso e inesperado regalo como fue ser la madre de Dios, las hacemos nuestras Millán y yo, así lo pusimos en la invitación y así lo estamos sintiendo de modo muy singular durante estos primeros días de ministerio y Dios quiera que siempre. Hace ya una semana que fuimos ordenados diáconos y van quedando en el poso de la memoria y del corazón algunos momentos especiales de un día intenso.

Cuando en la iglesia del Carmen reinaba el murmullo de las personas que iban entrando, la oración de vísperas en el silencio nos preparaba a Millán y a mi para la celebración. Ya revestidos con el alba comenzaba la procesión de entrada con esa misma alegría de aquellos peregrinos que ven Jerusalén y llenos de gozo cantan “¡qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!” (Sal 121) Así comenzó nuestra celebración y así lo manifestó nuestro obispo Don Gregorio en la homilía: el gozo de dos servidores de la Palabra, de la liturgia y de la caridad.

Con la conclusión de la homilía dio comienzo el rito de la ordenación primero prometiendo ante Dios y ante la Iglesia cuidar ser un ministro que resplandezca por su santidad en todos los momentos de su ministerio, sabiendo que esto solo es posible con la ayuda de Dios. Para esa ayuda y ese auxilio se invocó a los santos, a la Iglesia del cielo, mientras nosotros postrados en el suelo reconocemos que estamos unidos al polvo de la tierra, que somos siervos indignos. La imposición de manos y la oración es el momento central, donde el Espíritu entra, te cambia, te transforma y siendo ya ministro suyo se reviste con la estola y la dalmática, vestimentas litúrgicas propias del diácono. “Cumplir el ministerio que he recibido del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios”(Hch 20,24), esta fue la otra cita bíblica que escogimos para la invitación pues justo en ese momento se nos entrega el Evangeliario y se nos da el abrazo de la paz.

Concluido el rito tuvo lugar la liturgia Eucarística, realizando ya las funciones propias del diácono. A la Eucaristía le siguió un ambiente de fiesta y un aperitivo.

Damos gracias a Dios por todos los que compartisteis este día con nosotros, fuisteis muchos, por esa calurosa (no solo de afecto) celebración, por aquellos que desde la oración y la distancia o el convento se unieron y por aquellos que se sumaron con la asamblea de los santos desde el cielo a este día gozoso. Sentiros todos bendecidos por este ministerio.