CUARESMA 2018: 3º semana

cuaresma 2018.jpgEl coche sale del seminario de San Atilano, una mañana de Febrero, seca como las de los últimos tiempos, nos disponemos a abrir el cuaderno de notas y revisar que no falte nada, efectivamente, todo a punto. Salimos de la ciudad y nos dirigimos a la autovía en dirección Toro, poco a poco la llanura de estas tierras se va viendo salpicada por gran cantidad de cepas que esperan la lluvia para empezar a producir las hojas que nos darán las uvas, tierra del vino, siempre preciosa. Llegamos al pueblo de Morales de Toro, las torres de sus iglesias nos dan la bienvenida y nos recuerdan que la fe sigue viva. Pronto damos con la casa del párroco: Francisco Ortega Vicente Rodríguez, un joven sacerdote de 36 años, camino de sus once años de ministerio que atiende junto con Morales de Toro a otros 5 pueblos más, todos ellos forman la UAP Morales de Toro. El café recién hecho es la mejor forma de empezar una conversación.

Buenos días Ortega, te llamamos así porque así te conocemos todos

Buenos días chicos, sí claro.

Si hoy te tuvieras que definir como lo harías, es decir, ¿qué es ser sacerdote?

Un sacerdote es un hombre elegido por Dios entre los hombres, para llevar a los hombres hacia Dios al estilo de Cristo, buen pastor. De esta manera, los sacerdotes somos testigos de Cristo como todos los cristianos, pero a la vez desarrollamos su ministerio entre los hombres mostrándonos como Él en medio del mundo.

Hoy más que nunca ser sacerdote está muy cuestionado, discutido incluso algunos dicen que es una tarea sin sentido ¿crees que es así?

No, en absoluto. En nuestra débil persona, es Cristo quien ama, quien enseña y quien cura y por esto tiene sentido nuestro ser y nuestro hacer. Porque todavía hoy hay mucha gente que necesita sentir el amor de quien lo ama de verdad, de quien tiene palabras que dan sentido a su vida y de quien sana las situaciones dolorosas de la vida no con caricias que terminan, ni con palabras que sólo te hacen escuchar lo quieres oír, ni con antibióticos que se terminan. Y todo esto ofreciendo al mismo Cristo, mientras nos ofrecemos a nosotros mismos, siendo siervos, voz y eco de Cristo, como nos recordaba Benedicto XVI.

Un sacerdote, como toda persona contempla en su día a día situaciones muy dramáticas, todos somos conscientes que el mundo necesita cambiar, necesita convertirse ¿crees qué es posible?

La conversión siempre es posible si no hemos dejado de escuchar la voz de Dios. Porque podemos cambiar muchas cosas a lo largo de nuestra vida, incluso intentar ser mejores personas, superar nuestros fallos, nuestros errores y desaciertos, pero, si no escuchamos la Palabra de Dios que nos llama, que nos conduce hacia Él y que nos lanza en medio del mundo para ser sus testigos y caminar por sus caminos, no habremos alcanzado una verdadera conversión.

Convertirse es posible, porque Dios sigue llamando, pero creo que es necesaria una cosa: que dejemos de maquillar nuestro corazón y aprendamos a mudarlo. Cuando maquillamos nuestra piel intentamos ocultar algo de nosotros que no queremos que se vea y si mudamos la piel, como los animales que cambian la piel en diversas épocas del año,  hemos quitado lo viejo que nos daña y mostramos lo nuevo que somos.

Nosotros que nos preparamos para ser sacerdotes pensamos que una de las funciones más bonitas pero más delicadas de un sacerdote es ejercer el ministerio de la reconciliación, a través, fundamentalmente; del sacramento de la confesión. La gente busca a Dios, al Dios de la comprensión ¿cómo vive un sacerdote como tú la confesión como fuente por un lado de comprensión y por otro de conversión del hombre a Dios?

Ciertamente, como decís, es bonita y delicada porque uno se acerca a lo más sagrado que tiene el hombre, su conciencia. Y ese lugar es el único al que Dios puede tener acceso. Por eso, cuando como sacerdote se te abre ese rincón de la persona humana, se te abre no por la persona que eres sino por mano de quien actúas en ese sagrado momento. Cuando realmente tomas conciencia de esto, uno tiembla ante esto y tienes que darte de cuenta de que no puedes constituirte en juez de tu hermano, sólo Dios es el que juzga, y que en ese momento debes comunicar la misericordia que Dios tiene con todos y cada uno de los que se acercan a Él. Misericordia que comprende, conoce y entiende las muy diversas situaciones de la persona humana y Misericordia que asume la vida del hombre con amor para volver el corazón a Dios.

¿Crees que la gente piensa en un Dios absolutamente lejano y que no comprende al hombre y por eso gran parte de los cristianos no se confiesan?

 Creo que en muchas ocasiones hemos generado esa conciencia entre nosotros. Pensando en un Dios sentado en su trono esperando a devolvernos todas las cosas malas que hacemos y por otra parte como si los curas tuviéramos necesidad de conocer las miserias de la gente para reprenderlos y decirles lo malos que son, imponiendo castigos por las penas cometidas como si el mismo Dios tratara de torturarnos por nuestra mala conducta. Sin embargo, tampoco pienso que esto sea una causa directa de que muchos cristianos no se confiesen. La confesión se enmarca dentro de un proceso personal y constante de conversión dentro de la vida, y como dije al principio, la conversión nace de la escucha de la llamada de Dios, de su Palabra. Y este sea tal vez el problema de nuestro tiempo: no escuchar la voz de Dios. Cuando Dios es silenciado, apartado y todos nos convertimos en dioses, ¿qué mejor Dios que yo mismo para decirme lo que yo tengo que hacer? Es necesario que recuperemos a Dios como alguien y no como algo, que sea alfarero y no barro, que lo descubramos caminando con nosotros y no como un espectador más de nuestro mundo. Él es el Dios de la misericordia, nosotros sacerdotes instrumentos de ella, y todos, incluso nosotros sacerdotes, necesitados de su amor, perdón y compresión. Él nos creó, Él nos llamó y sólo Él nos comprende.

 

Muchas gracias Ortega

A vosotros chicos, ¡vamos a dar una vuelta!

Aquí acaba la entrevista de un hombre que intenta hacer más hondas las huellas de Cristo en la tierra, lo dejamos en la parroquia de Morales, donde ya le esperan, bueno en realidad esperan a Cristo, a quien él lleva.