el pez y el anillo

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A mediados del siglo X nace en Tarazona, en el seno de una familia noble Atilano. Desde su infancia y más tarde en la adolescencia fue instruido en los distintos ámbitos del saber y de las armas, destacando en todos por su constancia y destreza. Con todo, la religión despertó en él un especial fervor.

Se desplazó a la comarca de Cabrera, en el reino de León, y se reunía con monjes eremitas con los que se dedicó a la oración. Fue en esa región leonesa donde conoció a Froilán. Ambos entablaron una gran amistad y fundaron algunos monasterios. Más tarde, por orden del papa, fueron investidos obispos, Froilán de León y Atilano de Zamora.

Pasaron algunos años y Atilano no dejaba de rogar a Dios para liberar a la ciudad de tantos males, como la peste, pero estos no se remediaban. Ante tanta desesperación y creyendo que es un castigo divino decide peregrinar a Tierra Santa para ganar la indulgencia suya y de Zamora. 

dsc_5461.jpgAl salir de la ciudad, cuando pasaba sobre el viejo puente romano, decide arrojarlo al río Duero su anillo de obispo, convencido de que si algún día lo recuperase, entendería que Dios lo ha perdonado y podría volver a ocupar el cargo de obispo en Zamora.

Una noche, en sueños, oye una voz que le anuncia que sus oraciones han sido escuchadas y que puede regresar a Zamora. Jubiloso  camina durante meses y antes de entrar en la ciudad decide pasar la noche en un pequeño hospedaje a las afueras de Zamora. Allí se dispone a comer algo antes de emprender de nuevo su marcha. El hospedero le ofrece un barbo en el que, ante la sorpresa de Atilano, aparece en su interior el anillo que arrojó al Duero el día que comenzó su peregrinación.

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Es de esta manera como el obispo comprende agradecido que verdaderamente Dios le había perdonado y que podía volver a prestar sus servicios en Zamora. Dio gracias al cielo por tan manifiesta prueba de misericordia, y las campanas de la ciudad comenzaron a replicar solas, y las humildes ropas de peregrino se mudaron en las episcopales.

El papa Urbano II elevó a los altares el nombre de 
san Atilano. Su onomástica se celebra el 5 de 
octubre como patrono de la Diócesis de Zamora.

San Atilano, también da nombre a nuestro 
Seminario Diocesano.