Jesús, el 1er CURA

Hoy, jueves después de Pentecostés, FB_IMG_1496917782040celebramos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Esta, es una fiesta que sin ser propia de toda la Iglesia universal está muy arraigada y extendida en algunos países. Uno de ellos es España, donde fue introducida en 1973. En este día celebramos que Jesús, es nuestro único y verdadero Sacerdote para siempre. Y así es como Él mismo se nos presenta en el Evangelio de hoy, partiéndose y repartiéndose en un gesto de puro amor y completa entrega para la vida del mundo.

En este día os proponemos meditar juntos sobre tres aspectos con referencia al sacerdocio de Cristo: 1) qué es el ser sacerdote de Jesús, 2) cuál es su sacrificio a Dios y 3)cuál es su altar.

1. ¿Qué es ese ser sacerdote de Jesús? En primer lugar Jesús es sacerdote porque es el mediador entre Dios y los hombres, es Aquel que pone en contacto las dos realidades llevando a Dios a los hombres y a los hombres de nuevo a Dios para que tengan vida en Él. Jesús nos pone en relación con un Dios que es Padre misericordioso, que es Amor y ternura y a quien podemos llamar con total confianza Padre.
2. ¿Qué ofrece como sacrificio a Dios? Por otra parte la ofrenda, el sacrificio que Jesús hace como Sacerdote es El mismo. Se ha querido entregar a sí mismo, su Cuerpo y su Sangre para estar siempre entre nosotros, ser nuestro alimento y que tengamos vida en abundancia, para darnos la salvación.
3. ¿Y cuál es su altar? Como último aspecto el altar donde Jesús es Sacerdote es la Cruz, el símbolo más grande de la entrega y del Amor, el madero por donde resbaló su sangre y de donde brotó la vida nueva.

Pidamos hoy al Señor por todos los sacerdotes y de forma especial por los de nuestra Diócesis de Zamora. Le pedimos también para que los que nos estamos/ se están preparando a ser sacerdotes, a imagen del único sacerdote que es Jesús, seamos/sean capaces de entenderlo y vivirlo así: poniendo a los hombres en contacto con un Dios que es Padre misericordioso, entregándonos por completo a nuestro pueblo con todo nuestro ser y llevando la Cruz, el amor total, por bandera de nuestra vida. Solo así seremos sacerdotes. Que María, la madre de los sacerdotes interceda por ellos y por todos nosotros.

Antonio Rodríguez